Los exámenes acabaron bien, ahora me queda escribir un proyecto del cual ya tengo todos los datos recogidos, pero que tengo la sensación que me costará la vida hacerlo...
Los últimos tres días los pasamos en Oslo, y vaya, para ser una capital de país... es increíblemente pequeña! En dos días vimos todo, o por lo menos el 99% de lo interesante que había por ver por allá. A parte de al sol, que tuvo el gusto de asomarse unas cuantas horas todos los días que estuvimos por ahí. A decir verdad, algunos lo echaban más de menos más que otros.
Yo, no mucho, si no está el sol, vale... si está, mejor, pero tampoco es algo que me afecte demasiado, al menos por ahora, porque como me pasaba todos los días estudiando, o en compañía, apenas me enteraba de cuando era de día, de noche o de si quiera, sí salía.
Pero por lo sé, hay gente a la que le afecta... trastoca horas de sueño, les da insomnio o depresión o cansancio o dolor de cabeza; y se obsesiona, se compra vitaminas y va a sitios de "rayos de sol artificiales"... no sé... de momento no me afecta, que yo sepa, y espero que siga sin hacerlo. Puede que todo sea psicológico al fin y al cabo...
Volviendo a Oslo, esa diminuta capital. Pequeña, sí, pero con encanto.
El primer día nos dedicamos a ir al albergue, hacer la compra para la estancia y a descansar; porque llegamos bastante tarde... y ya, el segundo día, nos fuimos de excursión. Vimos el museo de Munch, (sin El grito=decepción, pero nos dijeron que podíamos ver uno de "los gritos" en la galería nacional de arte), parte del museo de Historia Natural, la Opera y callejeamos por la zona del puerto hasta que fuimos a comer a un centro comercial, en medio del cual nos sentamos y sacamos nuestro pan bimbo y nuestros embutidos mientras la gente nos miraba... no sé si envidiosa, porque había jamón o porque estaban pasando vergüenza ajena, pero nos daba igual.
Después, callejeamos otro rato y encontramos un mercadillo navideño en el que curioseamos un rato y luego nos volvimos al albergue a cenar y descansar.
Al día siguiente, tercer y último día, nos fuimos a ver el Palacio Real, con sus soldaditos y todo, paseamos por los jardines y nos fuimos a ver la Galería Nacional, y gracias a que era domingo, entramos gratis; y ahí, sí, lo pudimos ver: El Grito de Munch. Y sí, me encantó. Pero no solo ese cuadro, sino otros tantos de él como Muerte en la habitación de un enfermo y la Danza de la vida. Me gusta mucho como juega con los colores y la sensación que consigue en el espectador, como de agobio, agonía... no sé, en cualquier caso despierta más o menos algo de incomodidad. Pero no solo ese autor, había otros tantos con más o menos realismo que también me gustaron bastante, había algo de Degas, Monet, Manet, Van Gogh... hasta algo de Velázquez y del Greco.
Después de culturizarnos un poco con la pintura, fuimos a culturizarnos con escultura al parque de Vigeland, que, como gran parte de Oslo, una capa de hielo cubría todo el suelo, lo que nos dificultaba un poco nuestro paseo. Lo disfrutamos bastante gracias a que lucía el sol y apenas hacía frío. El parque está lleno de estatuas que representan personas desnudas en distintas poses y compañía, algunas más curiosas que otras, pero ninguna te deja indiferente, sobre todo llama la atención una de un hombre al cual parece que le están atacando un montón de bebés y a uno de ellos le esta dando una patada. Cuanto menos, esa estatua es curiosa...
Y finalmente acabamos nuestra culturización noruega visitando el museo de los barcos vikingos, el más caro, el más pequeño, pero el que más valió la pena visitar. Para ir tuvimos que coger el autobus, que ya es bien caro! 44 coronazas el viaje, unos 6€ aprox, pero que es un viaje de autobus urbano normal, de villavesa, y nos cobraron eso!! Más vale que el museo mereció la pena, simplemente espectacular. Hay dos drakkar y un cuarto (porque está muy hecho mierda el tercero) y varios restos de la época que estaban en los barcos. Trineos, riendas de caballo, cofres, ropa, herramientas, etc. Yo disfrute como una enana y aún nos dió tiempo de coger el bus de vuelta al centro gracias a que el transbordo duraba hora y media! Pero si se puede recorrer todo a pie!! y aún así es una ciudad que tiene metro, autobus, tranvía y ferry!! Sí, el dinero les desborda por los poros...
Pues nada, tras empaparnos de toda esa cultura noruega, fuimos a alimentarnos al mismo centro comercial, pero nos pusimos en un rinconcito más discreto, lejos de las miradas inoportunas de los noruegos.
Y como guinda, callejeamos un poco más, nos tomamos un algo calentito en una cafetería, y volvimos a callejear, entrando en un sex-shop, en una tienda de discos-club de jazz y en una tienda curiosa con cosas raras.
Para despedirnos de Oslo volvimos al albergue, cogimos nuestras cosas y nos fuimos a cenar a la estación de tren. Finalmente pasamos una apacible e incómoda noche en el aeropuerto, hasta que despegamos al día siguiente rumbo a casa.



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